viernes, 2 de diciembre de 2011

VIENE EL FIN DEL "APACENTÁNDOSE A SÍ MISMOS"


 
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Me encontraba de pie delante de un inmenso comedor. Las mesas y los comensales se perdían de mi vista. Sin embargo vi que estaban sentados por grupos. Eran los lideres religiosos (obispos) de las iglesias evangélicas que estaban sentados con sus grupos de pastores. Pude reconocer claramente a dos organizaciones una grande y la otra pequeña. Yo conozco a ambos líderes y a algunos de sus pastores.

Todos estaban comiendo. Había platillos muy deliciosos sobre las mesas. Yo estaba parado con un plato vacío en mis manos esperando a que dos hermanas en Cristo que servían las mesas me sirvieran también a mí una porción. Sin embargo, cuando me acerque una de ellas me dijo con un mal tono de voz “espérese un momento”... Me espere un poco avergonzado y vi que ellas se sirvieron un plato y se retiraron a una mesa a comer dejándome parado esperando.

Los líderes y pastores observaban la escena sin darle importancia. Entonces, un poco avergonzado y a la vez un poco indignado dije en voz alta:“Pues como veo que nadie me da, yo mismo me voy a servir”. Entonces una carcajada moderada, como un murmullo, salió de todos los presentes y continuaron comiendo. 


Me acerque a las ollas para servirme un poco cuando de repente la escena cambió.

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Yo sabía que algo drástico había sucedido pues el comedor estaba totalmente vacío. Todos se habían ido. Entonces me acerque a las mesas y pude observar muchos platillos a medio comer y mucha fruta y manjares que aun permanecían en sus platos. Entonces me dio un sentimiento de tristeza pues pude observar que mis compañeros habían estado disfrutando de una gran comilona y nunca me ofrecieron nada. Aunado a esto, yo sabía que algo drástico había sucedido.

Por segunda vez la escena cambió.

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Estaba con mi esposa en un patio cuando a lo lejos vi que venía un grupo de jóvenes y niños. Pude ver entre ellos a los hijos de algunos pastores y hermanos en Cristo. Mi esposa estaba asustada porque ese grupo de niños y adolescentes traían agarrados entre todos a un gran león. Era norme y muchos de los niños se colgaban de su melena y lo tenían dominado.

 Mi esposa me gritaba que yo tenía la culpa de ese suceso tan peligroso, pues “yo les inducía a valentía”. Yo le aseguraba que no iba a pasarles nada. Sin embargo estaba sorprendido por el tamaño de la bestia y por la osadía de los muchachos. Mi hijo encabezaba el grupo y dijo: ¡¡Mira papó lo que agarramos!!. Me acerqué rápidamente para asegurarme que en verdad no peligraban los muchachos.

Cuando llegué, escuché que la bestia decía una palabra, pero no lograba comprender qué era.

Entonces puse mi oreja cerca del hocico y pude entender lo que la bestia decía. Repetía con una voz grave, pero muy cansada:

¡¡Hambre, hambre. Hambre!!


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Luego de orar puede comprender el significado de aquella visión nocturna.

El sistema económico va a colapsarNuestra forma de vida va a cambiar drásticamente en esta generación. Seremos testigos de un gran hambre que vendrá sobre toda la tierra.

La rapiña y el banqueteo de los lideres de la iglesia llegará a su fin. Terminará "el apacentarse a si mismos". Sin embargo, la generación que viene detrás de nosotros serán alimentados sobrenaturalmente obteniendo gran victoria sobre el devorador. Los hijos de Dios tendrán mesa en el desierto, en medio de grandes escases. Ellos van a depender únicamente del todopoderoso. 
¡¡¡ Bendito sea el nombre de Jesús!!!.

1 Pedro
2:13 recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores.
2:14 Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.
2:15 Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad.

Judas
12 Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;

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